Cárcel y patatas fritas
Aquí pones las noticias un rato y como en estos últimos días no hayas estado muy enterado de lo que viene pasando en nuestro país, alucinas pepinillos.
Por una parte te enteras que la mayoría de los “presuntos” (tiene gracia la palabrita) culpables del 11-M han obtenido una condena, a ojo, de unos 40.000 años de prisión, de los que no cumplirán más de treinta ni de coña. A ver, que me fije en las cifras… 40.000 —- 30. ¡Uf!
Además, creo que a uno después de recurrir le habían rebajado cinco años la condena. A eso le llamo yo generosidad. Mira monin, se te queda la cosa en 39.995 añicos, ¿te mola más así? Claro, a los culpables al escuchar la cifra se les escaparía una sonrisilla de pensar “vosotros poned 40.000 años, como si son 200 millones de años luz, total, 30 años pasan volando”.
Más o menos se podría comparar al instituto, cuando estabas en la asignatura de Educación Física y el profesor ponía a correr a todo el mundo. Por mucho que él estuviera cabreado y dijera “pues vais a correr 300 horas seguidas, hasta que os quedéis en los muñones de los tobillos”. Los chavales se partían la caja pensando “Ya ves, la clase dura 45 minutos… y quítale cinco minutos de la bronca, cinco más del vestuario y otros cinco porque si llegamos tarde a la siguiente hora el profesor de Música luego pilla de la oreja al de Educación Física porque sus alumnos llegan corriendo, sudados y la flauta suena como el culo”. Además, hazles separar los brazos y dejar vía libre a los sobacos, eso sí que es terrorismo.
Una cosa que me ha hecho mucha gracia ha sido cuando han dicho que el padre de la famosa Madeleine ¿es así? vuelve al trabajo, por lo visto es médico. Que miedo. Pero peor es lo de la madre, que también trabaja en un hospital y ha dicho que no está preparada para volver a su puesto, que prefiere quedarse cuidando niños. Que recojonazos tiene la cosa, una mujer que tiene escrito en el careto: “Culpable”, que declare esas cosas a la prensa. A ver quién tiene narices de dejar a su hijito en manos de la mala de la película. Venga, a pasar la tarde con la tía Mildred (clásico nombre que utilizaría Agatha Christie). El niñito diría que una miiiiierda, vete tú a pasar la tarde, que yo me quedo jugando al teto.
Encima la familia tiene nombre de patatas congeladas, McCann, seguro que en algún paquete de los que tenéis en el congelador hay una uña entre las patatas.
Que mal rollo, si Agatha Christie levantara la cabeza…
