
Después de comentar a Pilar mi situación con Helene, me dijo que me olvide de entrarle diciéndole cualquier tontería en alemán. Que con eso solo provocaría que sus dos compis se descojonaran en mi careto. Su consejo: encontrarle su punto morboso sin hablarle. Casi nada, eso lo consigo todos los días con todas las tías con las que me cruzo, no te jode…
“Prueba con algún gesto dirigido a ella sola, sin que las otras dos tengan que verlo. Por ejemplo, al cobrarle le guiñas el ojo o le haces una sonrisa más forzada, fuera de lo normal”. Así me lo dijo.
Claro, la idea tampoco es poner un careto rollo Martes y 13, entonces si que se reiría y podría acabar pidiéndome la empanadilla de Móstoles. Lo que Pilar me quería hacer ver es que a las tías les mola ese tipo de gestos, y los captan rápidamente.
Tal vez tenga razón, por lo menos es menos violento que decir algo, encima en alemán, que es la idea que llevaba. Además, según Pilar si funcionan los gestos, se notan los efectos, porque la persona que los recibe reacciona distinto a como lo hacía antes. Ella sabrá, yo de estas cosas no tengo ni idea…
La verdad es que en Londres me enamoré rollo flechazo de una inglesa, con la que coincidí en uno de esos autobuses dobles típicos. El sitio no era idóneo, la situación no era nada favorable, y me corté. Primero porque mi primo me presionó y si te presionan demasiado al final te agobias. En segundo lugar, lo más importante, mi inglés es penoso. Demasiado penoso. La hubiera cagado.
Eso me pilla en una cervecería de estas típicas y solo con el ambiente te lanzas, aunque sea en un inglés cutre, como el mío. Pero en un autobús de esos tan guapos pues no. Además, seguro que si llego a decirle algo, pega un frenazo y salgo volando por la luna delantera. Y el hostión desde esa altura debe ser de lo más guapo.
¿Qué pasa, que nunca te has caído desde un bus londinense?
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Como cuesta volver a los duros días de rutina, después de estar el puente de turista de capital europea. Me faltaría tiempo para decir todo lo que me ha sorprendido de Londres. Una de las cosas que más cantaba era la enorme cantidad de españoles que hemos coincidido allí (seríamos el 99% de los turistas). Hasta los londinenses nos preguntaban qué pasaba en España. Pues eso, que teníamos puente.
Además, como somos tan así, allá donde vamos se nos oye como si estuviéramos en el bar. Somos escandalosos por vicio, y eso no me gusta, menos en un sitio tan elegante como Londres.
En fin, para haber estado tres días enteros no hemos parado de ver cosas (museos, iglesias, edificios importantes…) y de observar las curiosas costumbres propias de allí y que a nosotros nos parecen raritas. Por ejemplo, no te acostumbras a ver a la gente conduciendo por la izquierda, y menos cuando te tocaba cruzar un semáforo y tenías que mirar hacia el lado opuesto al que de normal miramos aquí.
Y eso que están preparados para esas dudas que tiene turista al cruzar, lo solucionan poniendo delante de tus narices un “look left” o “look right”, según el caso. Aún así costaba.

El metro es otra, a pesar de ser enorme, de subir pisos y pisos en algunas paradas, de atravesar laberintos de pasillos, escaleras mecánicas que nunca se acaban, de mover a toneladas de gente al día, tienen un orden bestial. Por los pasillos y escaleras tienes que andar por la izquierda para no ir esquivando gente. En las escaleras mecánicas se mantiene una perfecta fila india a la derecha para que circulen por la izquierda los que van más deprisa. Todo indicado con carteles.
Hay mucho más que te deja un poco con cara de pez: la comida, los desayunos que se meten los ingleses, lo caro que es todo, la educación de los londinenses en general, el típico humor británico, etc. De todo y para todos los gustos. Continuará…

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Llega por fin una de las semanas más esperadas, no es porque se acerque inevitablemente la Navidad, ni porque ya haya cada vez más luces en las calles, ni porque empecemos el último mes del año. Es por el puente, no me pienso quedar aquí parado viendo como la gente te atropella en busca del espíritu navideño. Mañana me voy a Londres con mi primo. El del bar no, otro.
Siempre que el bolsillo y el tiempo lo permite nos montamos unos viajecitos bien guapos. Esta vez lo teníamos claro desde el verano pasado, la siguiente escapada tenía que ser a Londres, y ya ha llegado.
Todo el mundo dice que hace frío y llueve. Bueno, ¿y que? ¿Es mejor quedarse en casa viendo como pasan las horas? Para mí no.
Además, a la vuelta me espera mogollón de curro en el bareto, se acercan fechas de cenas y comidas de las gordas y hay que estar ahí mañana, tarde y noche. Aunque para esos días se suele contratar a alguien como refuerzo, sino nos volveríamos locos.
Ojalá sea la chica del año pasado. Bueno, digo chica pero es una mujer hecha y derecha, treintañera avanzada, o sea, más cerca de los cuarenta. Muy cañera. No es guapa pero tiene algo que le hace ser muy atractiva. Encima divorciada, lo que le añade morbo a la cosa.
Averiguaré quién viene este año. Lo que sé seguro es que si la decisión es de mi primo, la elección no será mala. Siempre acierta, sólo él sabe en que se fija más a la hora de seleccionar personal. No creo que sea en el pulso para llevar cafés.
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Después de estar el fin de semana hablando con Joan y Tere de pisos y esos rollos, les invité a que se pasaran por el bar un día y que hicieran una visita a la inmobiliaria donde curra Helene, mi alemanita. Por supuesto, yo les acompañaría. Con un poco de suerte les atiende ella y les presento a la que de aquí a un tiempo va a ser mi niña, ¿qué pasa? de ilusión también se vive. Solo con pensarlo, me pongo… Como me pongo.
El gran reto de esta pareja es encontrar piso, han mirado bastante y entre que la cosa está por las nubes y que, por lo que les han dicho, están bajando los precios poco a poco, no se acaban de decidir: Compra, alquiler, al piso vacío de la abuela…
Ahora bien, me gustaría saber (y a ellos también les gustaría) como va a ser la convivencia en esa casa. Lo digo porque a Tere le va mucho la marcha, cada dos por tres se va de fiesta con Pilar y otras amigas. A Joan no le hace mucha gracia, él se ha vuelto más tranqui con los años. Además, es celoso. Muy celoso, aunque él lo niega. Mientras vivan cada uno en casa de sus padres no pasa nada. Los problemas pueden llegar cuando se vayan a vivir juntos.
Bueno, si Tere se va por ahí, nosotros haremos compañía a Joan en su futura casa, le limpiaremos la bodega en un plis y nos meteremos sesiones de cine+cerveza hasta reventar. No sería la primera vez que lo hacemos, la de veces que en verano hemos “okupado” la casa de alguno de nuestros padres en cuanto la dejan libre.
O la de fines de semana que nos hemos escapado a Cullera, que es donde veranea Robe, a montar una de las buenas. Muchas de las situaciones que son recordadas durante años suceden en esos sitios, en fines de semana donde todo vale…
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Hoy se ha liado una buena en el bar donde curro. Mi primo ha tenido que llamar a la policía por un tipejo borrachuzo, machista y fascista a más no poder. Un provocador que ha venido con ganas de movida. Y lo ha conseguido.
Era la hora del aperitivo y estaban diciendo en la tele que acababan de asesinar a la víctima de la violencia machista número 70. Una señora que viene habitualmente a comer estaba comentando la barbaridad de la cifra, jurando que por ella se les acababa la tontería a los violentos aplicando mano dura.
El personaje he respondido en voz alta su comentario diciendo que “no será para tanto”. Claro, ella se ha girado hacia él, preguntándole “¿Cómo dices, que no es para tanto? Y él con careto desencajado ha seguido: “Si pasa eso es por algo, si ellas no fueran así ellos no actuarían de esa forma”. Yo alucinaba, que cabronazo.
La mujer de un salto se ha puesto a su lado, le ha empezado a decir de todo. Él iba a trago limpio con su cerveza. Cuando ella ha parado, el muy capullo le ha dicho que con Franco esto no pasaba porque las mujeres estaban en casa y no podían hacer todo lo que hacen ahora. Decía que el hombre de hoy en día le había dejado mucho espacio a la mujer y esta se había crecido.
La señora no podía creer lo que oía. Lo ha mandado a la mierda. Mi primo se ha puesto en medio y le ha pedido al individuo que se fuera del bar, pero él le ha dicho que de ahí no lo movía ni dios. Total, mi primo que no se anda con tonterías lo ha pillado de la chaqueta para llevarlo hacía la puerta. Él se ha dejado caer al suelo y le dicho “si me tocas te denuncio”, y le ha insultado.
Mi primo me ha gritado que llamara a la policía. Se han presentado en un ratillo y se lo han llevado. Que huevos tiene la cosa, ya lo conocían de otras escenas similares que había provocado por ahí.
Y mañana estará de nuevo en la calle, hasta que alguien le parta la cara…
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Para estar a un mes de las temibles fiestas navideñas, llevo bastante bien lo que se va a convertir en unos días en las peores horas del año: las compras de navidad. No me ponen nada, al contrario, aunque tenga delante a la dependienta más cachonda y golfa y me esté atendiendo con un escote que se le vea el ombligo, me pongo enfermo.
Pensándolo bien, enfermo me pondría si existiera esa dependienta… El caso es que un fin de semana como este pasado, sales a dar un paseo a ver si encuentras algo que te pueda dar una ligera idea de lo que puedes acabar comprando, (que al final no se parece ni en la forma, ni en el color ni en el precio) y te pones de una mala hostia de tres pares.
Hordas de compradores compulsivos ocupan las aceras, las tiendas, las colas para pagar, las paradas de bus y del metro, las calles se hacen intransitables, el carácter de los susodichos se vuelve agrio, desagradable, violento. Lo toquetean todo sin ningún cuidado, se quejan de los precios, del calor, del frío, del olor, de lo que les rodea… Da asco.
Y lo peor, al final acaban comprando, acabamos comprando lo que tenemos delante, aunque sea más caro de lo que habíamos planeado gastarnos. Y de mala leche. A eso se le llama masoquismo, no te gusta, es más, lo aborreces, pero lo haces repetidas veces (a ver quién es el guapo/a que sale a comprar un solo día y lo consigue todo).
En fin, dejaremos que vayan pasando los días para salir de compras a finales de diciembre como siempre a la desesperada, a ver que cae. Mientras pensaré que esa dependienta cachonda pueda aparecer el día menos pensado detrás de un mostrador…
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Para acabar de presentar a los impresentables con los que paso horas y horas y de los que puedo escribir libremente sin censura ni vergüenza (dicho así por ellos mismos) me falta Robe. Recuerdo que los otros tres somos Pilar, Joan y lokete. De los cuatro, este es el más activo sexualmente, por encima de Pilar, decir eso son palabras mayores, pero es así.
Y puedo asegurar que este no es de los que va a saco a ligar, simplemente le entran y se deja llevar o no, es lo que tiene ser guapo y tener un “algo” que atrae más que un imán.
Robe es un tipo que no deja de sorprender, nunca sabes por donde te puede salir. En su adolescencia puteó a profesores y compañeros de clase, hizo la vida imposible a sus padres, se emborrachaba continuamente, fumaba tabaco y lo que no era tabaco, probaba cosas que no probaba casi nadie… En fin, fue muy precoz en todo.
Y, lo mejor de todo, hoy es profesor, tiene cojones la cosa. Eso que a veces se dice que la vida da muchas vueltas, con Robe se cumple. Y es que es un tipo curioso.
Total, que Robe ahora se dedica a educar mentes adolescentes. Para él todo un reto, pero a la vez una gran diversión. Además, debe volver loquitas a sus alumnas. Pero no solo voy a hablar de su trabajo.
También tiene su vida social y sus intimidades y hay cosas que no tienen desperdicio, por ejemplo la escasa duración de sus relaciones, cosa que me inquieta. Y las apuestas que hace… cuando llega la noche.
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Lo he decidido, esta semana me animo y le digo algo a Helene en alemán, aunque sea una tontería, solo por ver la cara que pone. Tampoco espero gran cosa, además seguro que ella sonríe y las amiguitas se parten sin saber lo que oyen. Probaré con un hallo (se decía “jalo” ¿no? Hola), buenos días tampoco estaría mal… En fin, luego a lo mejor me corto y no digo ni los buenos días en castellano.
Ya que me puse el otro día a contar mi experiencia en El Corte Inglés, como hay más cosas que valen la pena recordar, lo remato. Me había quedado escaldado en la planta baja, después de sobrevivir a los perfumes y de sufrir viendo el acoso que recibe una animal tan duro como el oso, reducido a anillos y cadenitas con la marca Tous (ver día 12 de noviembre). Subo a no se que planta, sigo aturdido por el chute de eau de ossea.
Estoy buscando una sartén. Las localizo, miro una, la dejo, miro otra, antes de dejarla una voz me dice: “¿busca algo, quiere que le ayude?” Si, busco a tu madre, que no se quedó anoche saciada. Aunque a esta, por su edad, más bien le podría decir esa versión pero con su hija (hay que comprender mi reacción, ya venía calentito).
Me trago la lengua y digo “una Tefal”. Ella feliz: “pues tienes las de no se qué y la de tal, cual y Pascual”. Si, pero la que busco no está entre esas doscientas que me has dicho. Le doy las gracias y sigo mirando. Encuentro más allá más sartenes, allá voy. Cuando encuentro una Tefal y la pongo en mi mano… oigo su voz por detrás: “esa es la que decía que también teníamos”.
¡Me ha seguido! ¿Tanto se aburrirá, o tanto le pongo?
“Ya, pero esta no la quiero, la verdad es que no quiero ninguna; oiga ¿donde están los estropajos?”, le digo en plan escaqueo.
“Ay, eso lo tienes en el supermercado, en la sección de droguería”.
Total, me piro por patas y pienso que si después del colocón y de la persecución voy a la droguería, puedo acabar en dos días en la calle pidiendo para comprarme vino de garrafa y para chutarme diciendo que se me ha quedado la moto (¡que no tengo!) sin gasolina.
Luego dicen que si la juventud es viciosa… pero si es que nos obligan, ¿o me equivoco? ¿Me he quedado solo o hay alguien por ahí que me entiende?
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Mañana ya me toca volver al curro, después de estar un par de días en casa con algo de fiebre. Creo que en cuanto vea a Helene a primera hora se me va a disparar la temperatura, y eso que empieza a hacer un frío que te deja los huevos pelaos. Y yo con el moquillo colgando. En fin, sigo presentando a más gente…
Ya tenía ganas de empezar a hablar de mi gran colega Joan. De todos los que estuvimos en aquel voluntariado es sin duda el más zumbado, el que daba la nota, el que ponía a todos del revés a cervezas, el que iba detrás de todas. Bueno, eso lo hacíamos todos. Aunque de eso ya hace unos diez años, ahora ya no es lo mismo, vive en el apalancamiento. Aun así, cuando sale la lía bien liada.
Es informático, me niego a contar de qué se trata su curro, más que nada porque no tengo ni idea, no me llevo bien con la informática y ella no se lleva bien conmigo. Que se le va a hacer, tampoco me llevo bien con la sección de perfumes de El Corte Inglés, ni con los ositos incrustados en anillos y pulseritas pijas, y no hablo de ellos… ¿o quizás si?
Más cosas sobre Joan: tiene novia, Tere, una tía cojonuda. Más que nada porque para estar con un elemento como este hay que tener una paciencia… Bueno, pensándolo bien, ella tiene un estilo parecido al suyo, sobre todo en las idas de olla. Nosotros no la tratamos como su novia sino como una amiga más (ohh, que bonito, mira que soy chungo cuando me pongo en plan ñoño, será que me dura el efecto de los perfumes de la muerte). Se lleva muy bien con Pilar, de hecho fue ella la que intercedió, ¿se dice así?, para que se liaran. Lo que nadie sospechó es que de un rollete “rápido y fácil” saliera una relación estable, porque a lo tonto deben llevar juntos unos cuatro o cinco años. He perdido la cuenta.
Se me ha pasado hablar de la hermanita de Joan, lo de hermanita no es porque sea pequeña, es por el tono cariñoso que empleamos Robe y yo cuando nos acordamos de ella, es como nuestro pequeño vicio. Hablaré largo y tendido de ella y la relación que nos une… todo empezó una noche en la piscina de la casita de veraneo de Joan.
¿Qué pasa, que nadie tiene amigos/as, con hermanitas cañeras?
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No sé como sonará eso de ir a por una chica por su lengua. Raro, ¿no? Una chica alemana me vuelve loco.
Me explico: como dije, curro en un bareto, el de mi primo. Todas las mañanas vienen tomar el primer café del día tres vecinas de curro (trabajan en la inmobiliaria que hay justo al lado del bar), una de ellas es alemana, aunque lleva aquí ya varios años. Total que su café rápido se lo toman en la barra. Más tarde comen ya en una mesa, con su jefe. Un pedazo de pijo engominado, da un repelús…
El caso es que mientras charran y yo preparo los desayunos, las escucho hablar. El repijo no dudó a la hora de elegir empleadas, seguro que eran las que estaban más buenas de todo el casting. Una de ellas es Helene, de origen alemán. Solo su acento me pone. Además, es una tía muy cachonda, tiene muy buen humor. Mientras las otras dos se quejan de todo (el sueño, los clientes insoportables, el jefe, que les habla mirándoles las tetas, y otras tantas cosas), ella les mete caña y les cuenta sus juergas y las batallitas de su juventud en Alemania.
A mi primo siempre le pido servir su mesa, para ir acercándome, incluso alguna vez he hablado con ellas, o con el jefe, que una vez me dio una tarjeta de la inmobiliaria. Ahí vi que su nombre es Helene, aunque la llaman Elena.
Lo de la lengua lo decía porque me estoy mirando palabritas en alemán para tenerlas en la recámara por si algún día suelto algo. Es chunguísimo. Todo sea por conocer la lengua alemana, y el resto del cuerpo si se puede… Además hoy no curro, estoy en casa con una calentura de narices, de fiebre, eh? Que nadie piense mal.
Por favor, ¡que alguien me ayude! Consejos, algo de alemán para entrarle, lo que sea.
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